jueves, 9 de diciembre de 2010

IMAGINATÉ

Hoy quiero que me permitas jugar un poco con tu imaginación.

Imagínate el día de tu nacimiento, tus padres, tu familia, sus amigos, todos contentos y emocionados por que habías llegado a este mundo.

Un mundo al cual tú llegaste… llorando.

Ahora imagínate que aquel llanto se hubiera prolongado durante gran parte de tu vida por culpa de un motivo que solo tu podías saber.

Imagínate que el día que llegaste a este mundo, alguien te hubiera dado una pistola y te hubiera dicho:

- Tu destino ya está escrito, pero tiene dos finales, vas a seguir llorando por lo menos hasta el día que elijas uno de ellos, el primero es que algún día llegues a la conclusión de que no eres capaz de elegir el segundo y termines arrojándote al vació desde un acantilado, el segundo será que algún día seas capaz de reunir el valor suficiente para coger esta pistola, apoyártela en la sien y disparar, no sabrás el número de balas que hay en el cargador, ni mucho menos si saldrán cuando aprietes el gatillo, lo único que puedo decirte es que tarde o temprano tendrás que elegir una de las dos opciones, y que si alguien se enterara de esto, el efecto puede ser el mismo que si hubieses elegido la segunda.

Imagínate que la vida sigue su curso, y que tú cada vez que te encuentras a solas, sacas la pistola y mientras la observas rompes a llorar, siempre en silencio, siempre en soledad, una soledad que con el tiempo terminará convirtiéndose en tu mejor amiga y tu única confidente.

El tiempo va pasando, y tu con el vas creciendo, pero no crece solo tu cuerpo, también lo hace tu mente, y un día descubres que la fatídica decisión la tomaras tu cuando quieras, y la pospones cada día mas y más, tienes una vida que te hace feliz, y ninguna de las dos opciones que tienes es compatible con seguir viviéndola, pero llevas una lacra que eclipsa todo lo que hay en tu vida, la pistola que tienes en el bolsillo antes apenas pesaba, pero cada día que pasa en tu vida, tienes la sensación de que aumenta de peso.

Un día decides darte cuenta de que tu no tienes la culpa de llevar esa pistola, te la impusieron al nacer, y quizás no seas la única persona en el mundo que lleva una, y ese día comienzas a investigar, buscas por todos los métodos disponibles a tu alcance información sobre personas obligadas a vivir tu misma situación, devoras montones de libros, escaneas concienzudamente los programas de la radio y de la televisión, y exploras en la ingente cantidad de información que compone la red de redes, y tu búsqueda al final un día da sus frutos, por fin encuentras información de personas que siguen llorando y de personas que un día dejaron de llorar, lees las biografías de todas ellas, buscando, siempre buscando, buscando la información que no te dieron junto con la pistola, la información que te falta para poder tomar algún día tu propia decisión.

¿Cuántas balas tiene? ¿Qué probabilidades hay de que alguna de ellas recorra el cañón cuando apriete el gatillo?

Y con horror descubres que la pistola que portas no es como una pistola normal y corriente, sus balas no te matarán, para eso ya tenías la primera opción, estas balas tienen la misión de destruir cada una una parte de tu vida, pero dejando que tu puedas seguir viviendo para ver como todo lo que hay a tu alrededor se derrumba como un castillo de naipes, es entonces cuando empiezas a sopesar seriamente el elegir la primera de las opciones.

Pero tu no quieres tener que elegir eso, tu deseas seguir viviendo, seguir viviendo… pero sin tener que llorar.

Y continuas buscando mas información, y un día descubres que cada uno de esos proyectiles tiene una función diferente, y que son independientes entre si y lees la descripción de cada uno de ellos.

La primera de todas es la que mas pánico te da, si te tocara en suerte, pasarás de tener una familia que te quiere a encontrarte de nuevo con tu soledad, pero esta vez pasarás la noche al raso, por que tu familia tiene miedo de que portes un arma y te expulsarán del lecho materno sin ni siquiera escucharte cuando intentes explicarles que esa pistola no la llevas por voluntad propia.

La segunda de ellas no es mas alentadora, el mismo resultado que la primera, pero en lugar de a tu familia perderás a tus amistades, a quienes se suponía que eran tus mejores amistades, esas que se cuentan con los dedos de una mano.

Sigues leyendo y te das cuenta de que todas tienen la misma función, pero cada una de ellas va perdiendo gravedad con respecto a las anteriores.

Discriminación laboral, perder tu trabajo y encontrarte de pronto con la imposibilidad de encontrar de nuevo un empleo digno.

Discriminación social, y la lista sigue y sigue, siempre en la misma dirección, pero tu te aferras a no querer admitir tu destino, ni quieres elegir la primera opción, ni quieres salir de la sociedad por la puerta trasera.

Siempre existe la esperanza de que no salga ninguna de las balas, y si sale alguna, puede que tengas suerte y sea una de las menos dañinas, sigues leyendo y es entonces cuando el pánico y el terror se muestran en tu mirada, la pistola que portas no es un colt de tambor, es un arma moderna, y también existe la posibilidad de que cuando aprietes el gatillo esta se encuentre en modo automático, y salgan las balas en ráfaga vaciando todo el cargador; sin perder en ningún momento el horror de tu mirada, piensas durante mucho tiempo en esta posibilidad, horas, días, años…

El tiempo sigue pasando y cada vez que te encuentras con tu amada soledad sacas el arma de tu bolsillo y el terror vuelve a empañar tu mirada, y lo piensas seriamente, quizás la peor opción a elegir no sea la primera.

Con el paso del tiempo la pistola va pesando cada día más en tu bolsillo, y un día te das cuenta de que ya no eres capaz de seguir arrastrándola, ese día tomas una decisión, buscas aquel rinconcito apartado en el que has pasado tantas horas en compañía de tu soledad, tranquilamente te sientas contemplando el horizonte, y mientras las lágrimas corren una vez mas por tus mejillas, sacas con cuidado tu pistola, la desenvuelves otra vez y por un momento te quedas mirándola mientras vas recordando toda tu amarga existencia, tu decisión ya está tomada, levantándola la apoyas sobre tu sien… y lentamente aprietas el gatillo.

El juego ha terminado, ahora deja de imaginar y vuelve a la realidad, por muy extraña que pueda parecerte esta historia, en el mundo hay personas que se ven obligadas a vivirla en contra de su propia voluntad.

Que las balas salgan por el cañón, o la cantidad de proyectiles que abandonen el cargador no es algo que esté en sus manos, es algo que está en manos de la sociedad que las rodea, tu formas parte de esta misma sociedad, no seas tu quien permita que sus vidas se derrumben, no seas tu quien las discrimine por algo que la naturaleza las impuso al nacer,

El vivir con este problema no es ningún juego, y para conseguir solucionarlo hay que reunir primero muchísimo valor para poder afrontar que nadie te acepte, pero eso es algo que nadie queremos, nadie eligió nacer así, pero lo que está claro, es que para remediarlo, la única manera es disparar contra tu propia vida con una pistola llamada transexualidad, que no esté cargada está en tu mano.

Sarai Montes.

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